Yo era un niño que siempre quiso ser grande.
Entonces, me regalaron un traje de adulto, y con él salí a explorar la vida.
El traje venía con una mochila cargada de creencias, prejuicios y normas externas.
Me quedaba grande, pero era tan convincente que, un día, ni yo mismo me reconocí.
Comencé a formar una identidad en él.
Con el traje, descubrí emociones y sentimientos nuevos. Y, como cambié por dentro, también cambió mi mundo por fuera:
Ahora que conocía el rechazo, ya no veía en cualquier persona un posible amigo.
Ahora que conocía la envidia, admirar me costaba, y me creía merecedor de lo ajeno.
Ahora que conocía el odio, el enojo no desaparecía con una siesta.
Ahora que conocía el miedo, sólo veía peligro y dejé de arriesgarme.
Ahora que conocía la traición, perdí la inocencia.
Ahora que conocía el dolor profundo, aprendí a lastimar para defenderme.
Ahora que me dijeron cómo ser, dejé de buscar quién soy.
Ahora que me enseñaron cómo funciona el mundo, perdí la curiosidad de descubrirlo.
Ahora que conocía la realidad, se apagó mi ilusión.
Ahora que entendía lo que ofrece la sociedad, perdí el interés, y para no darme cuenta, decidí perder la conciencia.
El tiempo pasó. Ahora, el traje me calza a la perfección, y no puedo quitármelo.
Pero daría todo por volver a ser niño.
Así que me regalé un disfraz de niño:
Ahora que conozco el rechazo, sigo viendo en los demás a posibles amigos.
Ahora que conozco la envidia, me importa más jugar que compararme.
Ahora que conozco el odio, puedo hacer las paces tras una siesta.
Ahora que conozco el miedo, sé reconocer el peligro, pero también cómo arriesgarme con prudencia.
Ahora que conocí la traición, sé que la confianza es una elección que puedo renovar.
Ahora que conozco el dolor, sé cómo cuidarme para no lastimarme.
Ahora que me dicen cómo ser, sé que puedo ser algo más.
Ahora que entiendo cómo funciona el mundo, uso mi curiosidad para comprobarlo por mí mismo.
Ahora que conozco la realidad, mantengo la ilusión de que puede cambiar.
Ahora que entiendo lo que nos ofrece la sociedad, elijo tener interés y conciencia para crear mi propio camino.
Cuando un niño se oculta tras el traje de un adulto, pierde su esencia y se convierte en esclavo de creencias, prejuicios y normas.
Pero cuando un adulto se atreve a sacar a su niño interior, conecta con su esencia y encuentra la libertad de simplemente ser.
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