El diagnóstico es terrible.
Los sueños se alejan,
mis dientes caen,
mis miedos crecen.
La oscuridad ni los monstruos me asustan,
sino los hombres.
Quisiera una explicación.
Ya no camino de la mano,
no hay festejos de mi madre,
y de mi padre sé poco.
El guardapolvo blanco me aprieta,
los zapatos son cada vez más grandes,
imposibles de llenar.
Ya no sueño con volar,
solo anhelo caminar sin tropezar.
Leerlo me da miedo.
Todo suena tan serio.
Ya no camino descalzo
(porque no puedo).
Mi espalda duele de tanta carga.
Ya no persigo mariposas,
sino fantasmas.
Todo suena tan desesperante.
Sí.
Sí.
¿Qué haré?
Quiero correr, pero me faltan fuerzas.
¿A dónde se va uno cuando no sabe qué quiere?
Leerlo duele.
El diagnóstico es real:
me he convertido en adulto.
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