Después
resuena
inquieto
el pasado,
el ahora,
el amor.
Después
de tus ojos
café noche
salen mis miedos,
mis versos
que se disfrazan
de glóbulos rojos.
Luego
estás tú
(otra vez)
desnudo
de “alma”
de cuerpo.
sospeché
de las vivencias
atadas a tus manos:
manos de lira divina.
Sesiones
de medio día,
el vaho
de hombre escondido:
acalla tus gritos
en mi pecho.
Nunca notaste
el deseo intenso
de ser —apta
para tu nombre
de ocho letras.
Complicado
era pensar
que enlacé
mi vientre
a tus pasos
mientras tú
caminabas por la acera.
eres tranquilo,
descuidado
a tu manera,
trampa de red oculta.
Eres
mudo
porque tienes sombra sin nombre,
eres
un nudo
que tropieza
en la página instructiva
(la de la vida misma),
débil
para saborear las palabras
que llevas,
yacen,
y no te percatas.
Narrame de ti,
tierno desconocido,
háblame de lealtad oxidada
de veracidad aislada,
de si en verdad sabes
resistir con las costillas en ruinas.
¡Háblame que aquí estoy!
más nítida
que nunca,
castígame con esa “franqueza”
que me convierte en clima
de todas tus estaciones.
Tú no hablas
y yo ardo.

sophie
Escribo porque no encuentro salida a este envenenamiento constante al que tenemos que subsistir todos los días.
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