hace años que aprendí a dejar ir el odio, a la mala, entendí que es un veneno para el alma. prometí nunca más permitirme odiar a alguien. más, cuando el jardín de mi amor se marchitó y las mariposas desaparecieron, me convertí en una versión de mi que desprecio con cada fibra de mi ser.
quien antes era brillante y espontáneo ahora es frívolo y calculador, huyendo de las emociones. el miedo desencadena maniobras esquivas, llevándome a conversaciones incómodas. el dolor en mi alma es abrumador, la pérdida es más de lo que puedo soportar. me odio por dejarme ir, perdiendo todo aquello que me caracterizaba.
hoy, luego de mucho meditarlo, me doy cuenta que mi mayor pérdida no fuiste tú. echo de menos mi noble corazón, que esta oculto bajo demasiadas capas de miedo como para permitirse volver a vivir aventuras.
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