Desfinanciamiento Universitario: ¿Dónde puede un país pensarse a sí mismo?
May 12, 2026

Escribo desde un posicionamiento y una certeza: pienso a la subjetividad en el atravesamiento de la historia y el deseo, su enlace y desenlace en una constante tensión que impone el contexto. Pero bien, este mismo hace texto y se inscribe en nuestras tramas singulares. La universidad pública forma parte de estas tramas alimentando la fuerza vital de quienes valoramos transitarla. Una fuerza vital de creación, de cooperación y transformación. Una pulsión colectiva que nos atraviesa y nos constituye en un entramado y tejido social que nos enseña acerca del encuentro, el valor de la presencia y el cuidado por el otro. Queda por fuera de las palabras, de lo posible de nombrar, la potencia que esto representa cuando su acceso es equitativo e igualitario. ¿Cuáles son los intereses y las decisiones políticas de una actualidad argentina cuyos centros de poder hacen apropiación de la potencia de invención y transformación social en manos del pueblo?
Claro está que convivimos con la crisis, es parte de nuestro cotidiano en el que llevamos a cabo diversos parapetos que hacen de esa convivencia una hazaña anestesiada. Disociados de nuestra condición de vivientes debido a la obturación y el taponamiento del saber sensible, nos topamos con modos serializados de ser, sentir, pensar y actuar bajo una lógica individualista. Atesoramos nuestros destinos como si éstos dependieran solo de nosotros mismos y no en su devenir en el "entre" con otros. Estamos ante instancias que nos obligan a hablar de estrategias de supervivencia donde la radicalidad es intrínseca a la apertura del lazo social. Me remite a tiempos originarios, pero aquí estamos luchando por sostener lo que en nuestros días implica pensar en una utopía: un posicionamiento que implica la inagotable lucha por subvertir un empobrecimiento simbólico y relacional que impacta al momento de proyectar trayectorias académicas y profesionales pero por sobre todo vitales.
Asimismo me pregunto, ¿Qué referentes en una Argentina atravesada por la crisis y el desamparo institucional? ¿Qué lugar para el sentido de pertenencia?
Sin embargo, no todo es cultura de la mortificación y un resto nos empuja a reapropiar de manera colectiva la capacidad de ser afectados e implicados por los afectos de la crisis para entonces orientar el deseo hacia la diferencia: la educación pública tiene su valor y tiene sus efectos en el crecimiento y el proceso identitario de un país cuya comunidad bien sabe defender lo que le pertenece. Es en la trama de lo público y lo común donde un país puede pensarse a la luz de los derechos conquistados, y no dejarse avasallar por una tiranía de intereses y aspiraciones individuales.
Es en la universidad donde he encontrado aquello que me conmueve y a través de la cual he adoptado la ambición de conmover al otro y dar lugar a la emergencia del sujeto de deseo. Es entonces que puedo afirmar que la universidad pública funciona cuando se la cuida y se la sostiene. Y es bajo esta última premisa que me pregunto: ¿Cómo no defender la universidad pública si es allí donde se me ha enseñado a fomentar la ternura en medio de tanta vorágine arrasante? a cuidar, a escuchar, a nombrar, a construir al calor de lo colectivo y la alteridad.
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