Estoy condenada a habitar el desencuentro;
asumir que nada es mío
adolecerme de la pérdida constante
y adormecerme el corazón hasta entender que mi única salida es la resignación.
Me limito a desglosarme en la melancolía y la nostalgia de todo lo que fui y lo que no vuelvo a ser hasta entorpecerme los sentidos comprendiendo la imprudencia.
Culpa y rabia envenenándome las entrañas por tanta contradicción involuntaria y la carencia de convicción en un limbo punzante donde me dibujo hasta borrarme.
¿Alguna vez logré sentirme viva? ¿Alguna vez fui mía?
Vuelvo a los conceptos que rodean lo que soy y no estoy;
desencuentros
otra vez
y la facilidad de perderme en cada vuelta que doy para hallarme fragmentada en pedazos que nunca voy a poder de enlazar;
soy un puzzle que no encaja en sus propias piezas
y flaqueo en mi condición de recaer constantemente en la nostalgia por haber perdido la inocencia
aunque a veces me gusta quien soy
y cuando no
me desaprendo hasta volverme yo.
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