Fuimos perdiendo el contorno,
fundiéndonos en el otro
hasta olvidar dónde empezaba yo
y dónde terminabas vos,
hasta volvernos irreconocibles.
Desde afuera, se ve así,
pero adentro yo siento tus colores bajo mi piel,
traen una brisa de lugares que no conozco aún,
como un descanso prematuro a todo este cansancio que supone vivir.
Aunque a veces también quema,
arde y marchita las flores que crecieron sobre las heridas,
pero no tocan las raíces...
Eso debería contar para algo, ¿no?
Quiero agarrar los pinceles y lavarlos con vos,
volver a pintar-nos,
reconstruirnos,
vos en tu esquina y yo en la mía,
compartiendo el mismo escenario,
el mismo fondo gris que abarca cada desilusión y anhelo.
¿Pero qué importancia puede tener lo que yo quiera,
contra las consecuencias de mis graves errores?
Te fallé, me expuse a la tormenta y la dejé borrarme trazos,
dejé que el agua humedeciera el lienzo hasta casi romperlo
y no tengo manera de repararlo.
Ahora nuestra pintura poco se entiende,
poco puede durar
y es algo por lo que no me voy a perdonar jamás.

Florencia Velázquez
Escribo como evidencia de que aún estoy viva. El libro está en proceso, lo actualizo cada vez que me inspiro.
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