Miro hacia arriba y veo el brillo,
de aquellos que alcanzan lo que deseo,
pero aquí, en la sombra, me quedo,
con las ganas que no bastan, con el peso del no puedo.
Las manos vacías, llenas de intentos,
los sueños son promesas que se desvanecen,
y aunque el corazón late fuerte, decidido,
la realidad me recuerda que las ganas no son suficiente.
Nos dicen que con esfuerzo todo es posible,
pero no hablan de las noches en vela,
ni del miedo que se esconde en el silencio,
cuando el bolsillo vacío ahoga la esperanza.
Nos conformamos con lo poco,
mirando desde abajo, siempre desde abajo,
viendo cómo otros avanzan, mientras nosotros,
atados a la falta, nos quedamos en el intento.
Nos encontramos solos en la profundidad,
donde la frustración es compañera,
donde el eco de nuestros deseos no tiene respuesta,
y la lucha diaria es todo lo que nos queda.
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