Mi alma lloró, pero mis ojos estaban desgarrados, tan vacíos que solo quedaba el recuerdo de lo vivido.
Sangraron y sangraron; fue un reflejo de lo no expresado.
Quise gritar, pero no me escucharon porque mi boca no emitía ningún sonido.
Mi corazón gritó, pero fue silenciado por el sonido de sus latidos.
Quise abrazarte, pero ya no tenía manos, mucho menos brazos.
Quise correr, pero mis piernas me abandonaron.
Quise escucharte, pero mis oídos fueron reventados.
Quise sentirte, pero perdí el tacto.
Quise quedarme, pero cuando me di cuenta, ya me había marchado.
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