las lluvias de marzo me limpiaron, me ensuciaron y me limpiaron de nuevo.
verona, ojalá tu boca fuese como el mar y pudiera escucharla hablar en cualquier idioma, de cualquier forma y en cualquier lugar. ojalá también fuese salada para dejarme los labios partidos, espolvoreados con arena, cocinándose bajo el sol. la posible nostalgia es la que hace a un momento imprescindible de otro, las mareas arrastran pensamientos difusos que revientan contra las rocas y se evaporan hasta llegar al cielo. vuelven como tormentas.
verona, tu boca es tormenta que pasa de chubasco a aguacero y de aguacero a aluvión. y yo contramaestre queriendo surfear tus olas sin saber maniobrar el timón, marinero que en tus marejadas anhela debutar, perderse y naufragar.
verona, esta noche, aquí en el puerto, le pido al mar que mi nave lleve a encallar a las mismas rocas donde tus aguas estallan.
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