Te confieso que encuentro gran similitud entre un libro y tú. Los libros, más bien sus páginas, contienen las espléndidas palabras que cuentan historias. Recorrer esas páginas con mis dedos es igual que repasar momentos del pasado que quedaron plasmados para la posteridad en el papel. La similitud reside en que sucede lo mismo cuando acaricio tu piel. Cada rincón de ella tiene una historia que contar, por eso al rozarte detenidamente y con suavidad estoy conociendo un recuerdo que me es contado con el vaivén de una caricia. Con un abrazo descubro tu pasado; con el contacto de tus manos con las mías me adjudico conocedor de tus vivencias. El caminar de mis dedos sobre tu espalda es un trago torrencial de literatura, de tu autobiografía.
Déjame, mujer, ser tu biógrafo. Pero para ello, y perdóname la temeridad con que lo diré pues puede resultar atrevida, necesito conocer tu pasado. Necesito viajar a tu olvido y a tu oscuridad. Guíame entre tus ideas que no son más que recuerdos de lo aprendido anteriormente. Quiero caminar por el boulevard de tus tristezas, deseo inmiscuirme por el sendero de tus felicidades, amaría colarme entre los vericuetos de tus placeres. Permítaseme ser el trapecista en la cuerda floja de tu amor. Y todo es justamente porque quiero conocerte.
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