1) El periodista sirve al interés público; por tanto, tiene la responsabilidad de generar nuevas perspectivas sobre temas como el género, la religión, la política y la ecología, abriendo nuevos canales de comunicación y promoviendo la construcción de sentidos que permitan actualizar los mandatos sobre los que se rige nuestra sociedad.
2) El periodista debe participar en foros y/o comisiones profesionales y civiles que le permitan mantenerse actualizado respecto de la necesidades comunicacionales de su generación, para así, contribuir, mediante su labor, a la evolución del pensamiento crítico.
Este punto es sumamente importante para asumir un rol activo en la instalación de temas en la agenda pública, considerando el vínculo de reciprocidad con los usuarios; es decir, entre quien propone la información y quien la desarrolla.
3) El periodista no posee la verdad absoluta sobre los hechos. Los comentarios son libres, pero los datos son valiosos, deben ser cuidados y tratados con rigurosidad. Esto implica comprender la importancia del chequeo de la información y de la profundidad investigativa frente a aquellas incógnitas que aún no tienen respuesta.
4) Somos periodistas, no jueces ni fiscales. La noticia es nuestro principal instrumento de trabajo; nos exige actuar con veracidad y responsabilidad respecto de la información que tenemos a nuestro alcance.
Nuestra tarea consiste en una búsqueda permanente de la verdad, no en emitir juicios de valor sobre lo que debería haberse hecho o sobre aquello que no se hizo.
5) El periodista no debe caer en la tentación de dejarse llevar. Debe reivindicar el compromiso como una obligación social y sostener un pensamiento hipocrático basado en “sacar a la luz” aquello que permanece oculto bajo la alfombra. Asimismo, debe informar desde la realidad y velar por las luchas vulneradas en favor de la supervivencia y la dignidad humana.
6) Por el hecho de ser periodistas, no estamos obligados a responder a lógicas imperativas sobre lo que se debe hacer. Tenemos derecho a decir “no” y “me retiro”, en defensa de nuestros principios morales, teniendo siempre presente que somos contadores de historias, no meros repetidores de la realidad.
7) El periodismo no debe seguir una lógica posmoderna que fragmente la información, genere contradicciones y contribuya a la crisis de las instituciones tradicionales. Nuestra función es unir, fortalecer y afianzar el pensamiento crítico de nuestra audiencia.
Las ideologías no deben generar distorsiones comunicativas, ya que una cosa es comunicar desde la libertad de expresión, propia de las materias opinables, y otra muy distinta es informar desde la libertad de información, basada en hechos dignos de ser contados y publicados.
8) El periodista no debe crear ni fomentar “etiquetas”. No solo debe ser un investigador, sino también un partícipe activo en aquello que se pretende ocultar o impedir que se transmita. Su misión es contribuir a erradicar la injusticia informativa, entendida como el desequilibrio que atraviesa múltiples luchas históricas por el reconocimiento, la dignidad y los derechos.
9) El periodista no debe confundir el periodismo comprometido — entendido como la búsqueda de la verdad a través de una información lo más completa posible — con el servicio incondicional a un partido político o ideología determinada, propio del periodismo militante.
Simpatizar está permitido; lo que no lo está es renunciar a los propios principios por intereses económicos o beneficios personales. Somos personas, no seres manipulables al servicio de la defensa o el resguardo de intereses ajenos.
10) No podemos ser neutrales, imparciales ni completamente objetivos, pero sí podemos ser comunicadores íntegros y decentes a la hora de afrontar las demandas del ejercicio periodístico.
Es imprescindible no faltar a la verdad. La palabra es nuestra herramienta más valiosa para transformar, reparar o remendar aquello que creemos que no tiene solución.
Más que un decálogo cerrado, lo entendemos como una invitación a seguir pensando el periodismo, sus responsabilidades, sus desafíos y su potencia transformadora.
Gracias a quienes lo leen, lo discuten, lo cuestionan y lo hacen circular.
Escrito junto a Paula Guadalupe Antolini, docente, periodista y escritora, cuya mirada, compromiso y trayectoria han sido una referencia fundamental en mi formación.
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