¿Que por qué me ciño tanto a los recuerdos? La causa, adivinará usted, está en el presente. Un mal presente, pues.
Es una teoría que respeto; quien va hacia adelante con la vista vuelta hacia atrás, quien prefiere más lo que ha sido a lo que es, es un ser cuyo presente agoniza; revelándose, una y otra vez, cada minuto, como algo insoportable.
A nosotros nos corroe una duda: ¿Es ahora, este preciso momento, un diamante que no vemos? Es menester no saberlo.
“No vivas en el pasado. No te aferres a lo que no existe”, me aconsejan (sabiamente) los que quieren protegerme, puesto que me hallan perdido, cada tanto, como buscando en una puesta de sol el recuerdo inmediato del día fugitivo. Y es precisamente lo que se retira, la estela del perfume detrás del portazo, lo que aprendemos a amar con el tiempo.
Corazones como el mío, amigo mío, atesoran latidos que son ecos de latidos pasados.
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