te levantas a las siete y llegas al otro día, de noche y con las piernas ancladas al suelo y los brazos colgantes.
la cama no la hiciste y que mierda no tender lo único a lo que querés llegar.
que cansada que estás, solo sentis pena. una pena que se divide y está en todos lados. anda a saber.
dale, entusiasmate por algo. manijiate. ¿que sentís? ¿hay algo ahí? ¿puede haberlo? ¿porque no buscás? ¿por qué no aparece?
¿decís en serio que es la noche la que no te deja ver? ¿que querés ver? si los ojos se acostumbran tarde o temprano.
la cama la tendes a duras penas, las piernas siguen penando lo que caminaste hoy y te acostas con los dolores tensos de lo que te pasó por encima.
sobrepasada la cabeza de lo que manifiesta un corazón aburrido, un corazón sin revolución.
saliste de noche y volviste de noche, un sinfín de oscuras sombras que abrazan, tensan y se ríen. molestan, acarician y resongan arrogantes por hundirte en el eco, que de noche poder pisarlo para callarlo se vuelve un ritual.
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