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De esos fuegos que arden la vida

Jun 15, 2025

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De esos fuegos que arden la vida
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Hace ya un tiempo, escribí este texto. La Revista Trazos lo publicó en abril de 2023, en su número 10 dedicado a La comida https://a2vuelapluma.com/trazos10#flippingbook-bookid_164/1/ 

Unos meses después, un día del padre, lo subí a mis redes. Hoy, cuando se celebra nuevamente esa fecha, decido volver a compartirlo.  

Es que mi padre fue ... 

                                 

                                    De esos fuegos que arden la vida 

  

Para los argentinos, el asado es parte de nuestra herencia y cultura.  

Es una costumbre que va mucho más allá del hecho de sentarse a comer. Le da la mano a las ganas de compartir y juntarse con amigos o la familia.  

Mi casa, durante años, tuvo fines de semanas inundados del aroma especial de las brasas. Y el responsable de ese acto de mística gratificación siempre fue mi padre. 

Ese pájaro dibujado de recuerdo que suele batir sus alas detrás de mí me deja frente esa vieja puerta verde, apenas abierta, para que lo vuelva a ver. Es domingo y cumplo cuatro años. Nací en invierno, es lógico que haga frío, pero también llueve. El cielo descarga su furia sobre la tierra. Yo no entiendo bien porque, pero el espacio de mis juegos al aire libre desapareció bajo el agua y el barro. De todos modos, él improvisa su trinchera y aguanta. Sobre un cartel que antiguamente fue marquesina de un comercio, se balancea mientras con destreza trabaja sobre la improvisada parrilla techada. Quisiera echarle un amarre, pero no me dejan salir y más tarde aprenderé que él nunca estará a la deriva. Y ese tentador e inconfundible olor hace su presentación en mi memoria emotiva y me deja la promesa de un continuará.  

Las sombras del invierno se desvanecen y llegan las noches estrelladas de verano, con el mar muy cerca y los fogones que en vacaciones se rodean de otros sonidos y llenan el aire de chispas. 

Y así llego hasta la nueva casa, y su lugar. Parrilla, la radio, los tangos y los asados. 

Una ceremonia, que comenzaba muy temprano. Porque claro, él le hacía honores al significado de la palabra asado, técnica de cocción mediante el cual los alimentos son expuestos al calor de fuego o brasas para que se cocinen lentamente. 

Si la elección y preparación de distintos cortes de carnes, embutidos y achuras, era minuciosa y prolija, lo mismo era para la variedad de vegetales y hasta frutas, que, dado el despliegue de color y ubicación sobre las varillas de hierro, terminaban pareciendo una obra de arte. 

Otro espectáculo eran los brochets. Esos pinchos que intercalaban cubos casi perfectos con sabor, color y aromas que despertaban el apetito. 

Ver su disfrute en el mientras tanto, contagiaba sus ganas. Tal vez a ratos, volvía a las noches de San Juan, a rodear la fogata, a asar batatas y canturrear junto a los otros niños. 

Los años habían rodado, pero esa chispa seguía estando. Una chimenea dejaba escapar el humo que dibujaba figuras en las que viajaban esos perfumes de platos de buen gusto. 

No faltaban aderezos o salsas para acompañar. Aún conservo un cuaderno con las recetas que buscaba y guardaba, para innovar y sorprender cada vez. 

Y luego del deleite, quedaba la sobremesa y esas charlas en las que se hablaba de todo, menos del tiempo, porque es verdad que este se escurre entre los dedos. 

Así, casi sin darnos cuenta, ya no hubo carbón ni leña en la parrilla, el pequeño quincho se quedó sin luz, la voz que coreaba los tangos que dejaba escapar la radio hizo silencio y fue entonces que mi corazón supo lo que era quebrarse de pena. 

Pero la vida sigue su curso y el dolor termina siendo maestro. 

Existen excelentes asadores, pero jamás degustaré asados como los de mi padre, porque está claro, que su sabor quedó enredado en mis emociones. 

Es que como decía Galeano, hay fuegos que llenan el aire de chispas. Y las brasas de sus parrilladas reflejaban su esencia. Porque mi viejo, sin duda alguna, fue de “esos fuegos que arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.” 

  

 

 

Miriam Rodriguez Roa

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