Mi cabeza es una mesa de cristal rota por accidente con el peso del uso, qué se partió en mil pedazos y fue vuelta a armar con pegamento con la intención de simular integridad. Frágil, a un golpe suave de volver a fragmentarse, con pedazos qué no encajan pegados entre sí. Los bordes irregulares se chocan, se desgastan por la fricción mientras quedan espacios vacíos por los trozos perdidos. Disimulada con un trozo de tela, con un mantel demasiado pulcro qué obra de fachada y logra qué no sea lo primero que se nota al entrar en la habitación. Pero al usarla, al interactuar y tocarla se notan sus irregularidades, las cicatrices hoscas qué se acentúan en verano, qué se notan cuando la tela blanca se mancha con café y se quita para lavarla.

Emma Gamow
No soy buena con las biografías ni con los títulos pero quizás si con las palabras que brotan del teclado.
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