culpo a mi sangre por el pesar de mi alma.
ese pesar insaciable, que me impide ser amada por otros.
culpo a mi sangre por haberme convertido en un animal hostil,
esa culpa febril que infectó cada átomo en mí.
culpo a mi sangre, inútilmente; cargo con una condena mortificante,
desde la célula hasta la médula.
la violencia se hereda, mi mente fue diseñada para atacar.
camino entre la gente como una herida abierta; infectada, indeseada,
anhelando derramar la última gota de sangre que culmine con mi martirio,
que me deshaga de estas raíces de las que no puedo escapar,
que me deshaga de mi delirio.
permanezco encadenada a una profunda amargura,
me he vuelto una criatura sedienta de misericordia; del perdón
de su verdugo, del abrigo en brazos de quien la ha abandonado,
del beso que sangró en el moretón y en un lecho desabrido olvidada la dejó.
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