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cuerpo podrido de parásitos

Ariana

Mar 7, 2026

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cuerpo podrido de parásitos
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Parásitos.

Parásitos que abusan de mi cuerpo entero sin piedad alguna, devoran cada una de mis esperanzas y manipulan mis pensamientos, se alimentan de mi vida entera. No sé qué tamaño tienen, algunos ni siquiera los alcanzo a palpar cuando corto las yemas de mis dedos y entierro mis uñas en la herida, ahí quizá, vea alguno, pero son rápidos, tan rápidos que empiezo a creer que son un producto de mi falta de cordura.

Podrida e incompleta. Agresivamente ya se adueñaron de todo lo que alguna vez fue mío, en especial de los momentos que sólo se recuerdan únicamente en las noches por el temor de que alguien te observe y te juzgue por no poder soltar algo que ya no existe. Se adueñaron de todo, de mi habla, hablo porquerías y escupo palabras sinsentido, mi voz es frágil y ya no es escuchada, parece que ya hasta nombrar al amor se siente más una traición que un deseo.

Tomaron mis sueños, mis sueños preciados que se llenaban siempre de fantasías ahora sólo están repltetos de gusanos devorando cada colorido descanso. Cierro los ojos y los veo, por más minisuciosos que sean o más descarados, sólo en los sueños puedo verlos sin necesidad de mutilarme. Me concierto en un hospedero ideal par ellos. Veo cómo se mueven entre todas las entrañas sucias que cargo. Van desde mi boca y se atoran bien en mi garganta, de ahí me arrebatan la valentía de gritar, después bajan y llegan a su parada favorita: mi corazón. Inútil corazón, débil y susceptible que genuinamente piensa que sirve para amar. Rojo puño palpitante envuelto en gusanos que se alimentan de la inocencia de amar. Hebras finas vivas apunto de reventar por tanto tragar y absorberlo todo.

Ellos no tienen conciencia pero la toman cada vez que colonizan una nueva zona mía y evolucionan su complejidad. Se quedan la mayoría allá en el pecho, otros no, ellos prefieren el estómago, ahí donde está la vida entera. El estómago: depósito de hambre y necesidades adversas. Yo no me alimento de nada que no sea fe, a ellos no les importa, no hay alimento más que ácido vomitivo para ellos y para mí. No están conformes, bajan y reclaman lo suyo: el vientre. Vientre consegrado por una supuesta vida. Son abusadores, no preguntan, no piden permiso y perforan incluso los tejidos más íntimos. Imposible para la ciencia real. Aquí es distinto y real. Veo cómo pueden devorar lentamente mis órganos, esos que dan vida. Los recuerdo bien, yo los conozco a cada uno y tengo el truama intacto que los puedo señalar si los vuelvo a soñar, yo presencié como se tragaron al feto que crecía dentro mío aquel mes de julio. Y los culpo y los maldigo, es tristeza profunda, como mujer ya sabía que sólo iba a poder ser fértil una única vez y hubo un crimen de odio dentro mío. Sangre y más sangre, es lo único que sueño, culpa y temor llevan consigo.

La ciencia no vela por mí. Es imposible. Yo juro que están ya impregnados hasta en mis huesos. Los siento cuando camino, siempre hay un cosquilleo doloroso en las puntas de mis pies cuando me llevan a una dirección a la que no quiero. Toman control de mis brazos y de toda extremidad que pueda mover. Es una deshonra mencionar a Dios y a la ciencia en la misma extensión de palabras pues es un duelo a muerte y una falta de respeto imperdonable para ambas, sin embargo, lo siento. Los gusanos están en todos los huecos de mi cuerpo alimentándose de mis deseos y pasiones, mis esperanzas y mis amores. Y la ciencia no está para explicármelo y Dios tampoco está para darme valor para terminar con todo esto.

Viviendo la vida de alguien más.

Ariana

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