Me gusta correr por el bosque.
Mis pies descalzos sienten las hojas del otoño crujir. Son frías, pero yo nunca tengo frío.
A veces me gusta sentarme en el árbol flaquito y esperarla. Ella vive acá, y hablamos. Tenemos el pelo del mismo color, sólo que el de ella es un poco más largo. Cuando corremos el viento nos levanta nuestros vestidos azules, exactamente iguales.
Pero yo no tengo frío.
Cuando ya está oscuro tengo que volver, ella me dijo que hay lobos peligrosos con afiladas garras.
Mamá y papá me dan agua azul antes de dormir. Seguro la veo de color azul porque el vaso también es azul. Igual que mi vestido. Papá me lleva a la cama y me cubro con la manta, aunque no tenga frío. De esa forma me siento más segura y puedo protegerme de los lobos del bosque.
Los ojos se me cierran muy rápido. De repente siento fuego en mi panza, me quema cada vez más. Pero no quiero abrir los ojos. No puedo abrirlos. No quiero que se me quemen las piernas.
Cuando me despierto mi habitación está muy iluminada. Me siento y miro mis piernas. Están llenas de rasguños, rayas rojas desde los pies hasta mi ombligo. Algunas duelen. Me acomodo mi vestido y voy corriendo al bosque. Ella me pone hielo y dice que ya no me van a doler más y que algunos lobos son más buenos que otros.
El hielo no está tan frío. No tengo frío.
Esa tarde jugamos mucho. Jugamos a volar y perseguimos palomas blancas. Jugamos a las escondidas, pero ella desapareció, no pude encontrarla, entonces volví a mi casa.
Esta vez tenía sed y tomé dos vasos de agua azul. Siempre me gusta soñar que vuelo como en el bosque, pero volar de verdad. Ella me dice que pronto mis pájaros también van a volar y me despierto.
Mi vestido está en el suelo y mis sábanas también. No tengo frío pero las quiero, ellas me protegen. Las marcas son más profundas esta vez, y me duelen. No encontramos hielo pero no importa, ya se me va a pasar. Hoy no tengo ganas de jugar, hoy quiero dormir y poder soñar que vuelo otra vez. Esta vez mamá no me saluda antes de dormir, sólo papá se quedó conmigo.
Cuando me duermo por fin puedo soñar que vuelo de nuevo, esta vez volar se siente real. Mi cuerpo se despega de la cama y puedo verme a mí misma acostada en ella, pero estoy llena de sangre. Hay sangre en mis piernas, en las sábanas y en el suelo.
Voy corriendo al bosque y veo todo desde más alto; los pájaros que ahora vuelan más rápido, las plantas y las hojas que crujen.
Ahora tengo frío, y yo nunca tengo frío.
Me siento bajo el árbol flaquito y una niña con un vestido igual al mío se acerca corriendo, con las garras de los lobos marcadas en las piernas.
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