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Crónica panóptica

Mar 19, 2025

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Crónica panóptica
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Inevitablemente y por mas que quiera escaparle a esta situación, todas las noches me encuentro cara a cara con el muchachito de ojos marrones que vive dentro de mi. 

Suele aparecer justo antes de quedarme dormido y juntos paseamos por los angostos y nebulosos pasillos de mi mente. Compartimos charlas sobre temas que no tienen sentido alguno ,y ordenamos los pensamientos en sus archivos correspondientes para que al otro día el engranaje funcione con eficacia. Es tan evidente que esta segunda tarea fracasa cada mañana, como que tengo que volver a terapia, pero no va al caso. 

Lo que si va al caso, es mi situación actual con el muchachito de ojos marrones. La cual me tiene bastante preocupado y confieso, se me está yendo un poco de las manos.  

Todo se originó la noche que deambulábamos por uno de los sitios más concurridos de mi mente. El maldito pasaje de los recuerdos bochornosos, justo antes del túnel de la angustia, que desemboca en la avenida de las ansiedades. Ya habíamos ordenado los pensamientos en sus respectivos lugares, para que al otro día fuera todo más fácil, por lo tanto, quedaba esperar a caer en el sueño profundo intentando mantener el silencio durante el resto de la caminata.  

El muchachito de ojos marrones no resiste a darme sus típicos monólogos de lo que yo debería hacer en mi cotidianidad para ser una persona feliz y exitosa. Por supuesto, cada vez que tomo una decisión impulsada por mis convicciones, este sujeto inunda de dudas mis pensamientos. Admito que el pequeño extraño no me agrada, pero increíblemente suele persuadirme. Con su ingenio y creatividad, logra implantar sus deseos disfrazados en mi mente, haciéndome creer que son mi voluntad. 

Ya habíamos doblado en el callejòn de las reflexiònes, cuando luego de asociar algunas premisas sueltas que habià encontrado desparramadas sobre el suelo de mi mente, y compararlas con datos empíricos acerca de mi relación con el muchachito de ojos marrones, en un momento de lucidez, descubrì que soy esclavo del ya mencionado, dèspota. 

En mi afán por resistirme a sus órdenes, me comprometí silenciosamente a desobedecer cada una de  ellas. Si el muchachito de ojos marrones me ordenaba despertarme temprano para ir a trabajar, por el contrario, yo me despertaba tarde. Si insinuaba que mi tiempo de ocio era contraproducente, entonces, no dudaba en tirarme en el sillón a mirar alguna película o leer un libro. Y así, se dio inicio a una guerra fría que duró largas noches de insomnio.  

Por supuesto, que el pequeño tirano bombardea mi mente con miles de granadas llenas de dudas y culpa, cada vez que decido lo contrario a su voluntad.  Ahora mismo, me encuentro desempleado, recostado en mi sillón y con una angustia incesante. 

Ya no sé quién soy, tampoco sé quién de los dos está escribiendo estas palabras. Ni siquiera tengo la certeza de que sean mis ojos marrones, los que las leen. 

Entiendo que el muchachito de ojos marrones habite en mí para lograr su cometido. Ahora bien, ¿Quién habita dentro del muchachito de ojos marrones? 

Son demasiadas dudas. Creo que lo tengo acorralado, o él a mi.

La victoria de alguno de los dos, es inminente.   


Facundo

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