Me desconcierta cómo es que el ser humano, entre más pasa el tiempo, crea una extensión de lejanía perpetua con la religión. Nadie cree en un algo y los valores que nos mantienen con marcos éticos y a vivir con principios han ido en decadencia. He tenido, por supuesto, mis momentos en donde mi fe está puesta en duda, no tengo una visión compartida con la iglesia, me encuentro en rebelión contra ella, pero aún así me considero devoto de la existencia divina que nos creó. O al menos a ti. A veces se me pregunta por qué me mantengo en creencia respecto a la existencia divina, la religión, y respuesta teológica no tengo. Sólo en mi entendimiento cabe que hay entre nosotros personas con bondad llevadas desde el nacimiento, que te impregnan de su luz como si ángeles fuesen. ¿Qué más pruebas necesita mi fe cuando con tu gracia fui tocado?
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