Observando el exterior a través de la cortina blanca de la ventana, las personas son sombras coloridas; no se percibe vanidad en ellas, ni ansiedad, ni egoísmo, ni tristeza, ni rabia; no hay palidez, ni ojeras, ni arrugas en sus rostros, ningún rasgo de muerte.
La literatura es también una especie de cortina. Si alguna vez alguien lee mis escritos, vislumbrará, a través de ellos, solo una sombra o resplandor de lo que soy o fui. Así quisiera ser recordado; como un cometa que pasó por la Tierra y no necesitó hacer ruido para llamar la atención.
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