Los coros me complacen cuando desechos están de mi voz,
acampanadas, las sinfonías no tintinean con mis cuerdas.
Yo las corto; afónica me quedo con las vocales tras la puerta,
cuando me resisto al eco de mi miedo y al compás del dolor.
Emiten su ritmo a la escucha y tímpanos se funden cual oro.
Desangrado se halla mi ego; que con infortunio odia mi coro,
y suplica la expresión, por gotas de pasión que ilustren decoro.
La pasión fue hecha para el habla, el canto; y la vocación,
los miedos, para apuñalarme en la más sonora obsesión.
El odio no es odio si no brota de mi semblante,
a gritos, pide desesperado, por una horda de perfección.
Ciertamente no la porto; soy tal desastre de creación
que debo aprender a no cortar las cuerdas de mi voz
ni el escribir que asoma en el acústico rincón de mi corazón.
(c) Milagros Gomez ❦
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