Me dejaste con el alma hecha trizas,
veintitrés pedazos que apenas encuentro.
No fue solo amor lo que quebraste,
sino la confianza, la amistad, la esperanza.
Jugaste con egos y máscaras,
pusiste a todos en tu juego,
y yo quedé sola en medio del ruido,
escuchando ecos de quienes alguna vez creí cercanos.
Aprendo a caminar sin tus sombras,
a recomponer lo que rompiste,
a descubrirme en el silencio,
a encontrarme en mi propia compañía.
No necesito tus cadenas ni tus juegos,
mi corazón, aunque fragmentado,
aprende a latir por sí mismo,
y cada pedazo dolido
se convierte en fuerza, en mi libertad.

Éclat di Kristal
mostrando la esencia y destellos interiores de como sentir lo que se llama “escritura”
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