Qué desolador se siente ya no ser la persona
que elige tu corazón.
Me sostenes con un hilo invisible,
me queres con vos, pero solo a medias,
como si temieras que al soltarme
se te esfumara de las manos el recuerdo
que aún acaricia mi piel.
¿Soy el eco de un amor que no elegis?
¿O el recuerdo que persiste todavía en tus manos?
Dibujas mi alma en cada silencio,
y me quedo suspendida en ese espacio incierto,
un deseo ahogado que nunca se concreta,
una llama temblando al borde de apagarse.
A veces pienso que soy solo la nostalgia
de algo que no alcanzas a dejar ir,
un refugio que visitas con pasos cautelosos,
sin atreverte a quedarte, sin atreverte a partir.
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