El viento lee mi libro
mientras, yo, sopeso el color del cielo.
Encuentro en la arena una fuente inacabable,
los deseos apilándose como cartas
volando en cuanto me adentro al mar.
Las risas me balancean sobre el agua
y antes de anochecer, las veo migrar
como lo hacen los barcos,
instintivamente.
A través de las corrientes,
porque es así su deseo,
las carcajadas viajando
cuajando
reinventando.
¿No hay en la naturaleza
un constante intento
de conservar lo sagrado?
En las costas, ya lejos,
una niña descubre a sus manos
anhelando un castillo.
Hay en la brisa una risa
que si me acerco
recuerdo
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