Ayer lo soñé de nuevo. Al igual que los últimos meses.
Estoy escapando, corriendo, muriendo en sus manos una y mil veces.
La soledad me abrumaba entre tumbas perdidas y olvidadas
Mi nombre en cada epitafio, mis ojos rondando la tierra removida
Aquel lugar el cual absorbe la luz qué le rodea, donde no existe el dia
Donde los llantos se escuchan en los prados, donde sonrisas yacen allí, olvidadas.
Su filo aprieta mi piel nuevamente, noto la herida en mi carne
El sangrado es inminente, y aunque quiera frenarlo ya es tarde.
El insomnio como única opción, mi último vestigio de fortuna
Las sombras se mueven al amanecer, las veo y escucho con el sol en alto. Destruyendo lo que aún me queda de cordura
¿Cual era su cara?, su razón de ser, de perseguirme. De vigilarme en las penumbras de mi habitación.
Aunque corra, no encuentro salvación.
He probado escapar por rutas nuevas, sin destinos diferentes.
Ahora mis pies ya no pueden correr, se me ahoga la voz, y de mi se apodera el dolor.
Su hoz, su manto negro, el perfume dulce y familiar que emana. El brillo en su filo y la sangre en mis dientes
Quizás sea el momento de enfrentarme al destino que negué por tanto tiempo.
De pié, sangrando, exhausto, llorando y temblando. Me paro frente a ella, levantó mi guardia y arreneto. Dispuesto a pelear hasta mi último aliento.
Luego despierto... o eso creo,
porque aun puedo verla en el rabillo de mi ojo
Sus ojos huecos y su manto negro, y el metal con su frío reflejo
Que Maldita tortura es esta de vivir constantemente con su cuchilla en mi cuello
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