Y en la madrugada de un día cualquiera, porque
ya no hace falta que sea domingo,
ni que llueva,
ni que una canción suene en el momento indicado, me despierto con la misma idea.
Hay cosas que uno guarda para después.
Una botella de vino.
Una carta.
Una prenda favorita.
Un libro que promete demasiado.
Hay quienes guardan ciudades enteras.
Yo guardé una imagen!
La llevé conmigo
durante meses. Como quien guarda una buena noticia.
Y era una cosa tan pequeña.
Tan ridícula.
Dos personas descalzas acercándose al mar.
Nada mas.
A veces pienso que las pérdidas más dificiles son aquellas de las que nadie se entera.
Porque
¿cómo se extraña algo que nunca
ocurrió?
¿cómo se llora una escena que sólo
existió en la imaginación?
Entonces miro hacia arriba.
El techo sigue ahí.
Tan blanco.
Tan indiferente.
Y en algún lugar el mar sigue encontrándose con la orilla.
Lo único que cambió
es que mis pies
descalzos ya no son los que van a avanzar
a la par de los tuyos
hacia esa línea confusa
donde el cielo y el agua dejan de distinguirse.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in