Corrian las 17h de la tarde cuando recibí un mensaje de mi tía, avisándome que van a venir a la ciudad por el cumple de mi pequeño primo, entonces recordé una de las últimas conversaciones que tuve con él.
Mi primito: -¿Po qué la tía no viene a verte así como nozotros?
Yo: -Porque no quiere venir.
Él: -Po qué ¿y el tío Aul?
Yo: -Tampoco.
Él: -Po qué.
Yo: -No quieren.
Él: -Zon tus papás, po qué no.
Yo: -Porque soy grande.
El: -¿Y?
Y entonces me rompí por dentro, me dolió más que cualquier insulto, como era posible que esa pequeña criatura no consiviera el desligue del vínculo entre una familia y su hija.
Callé e intervino mi tía, entonces me dí cuenta que la negación, sobreto todo delante del verbo querer es muy disrruptiva para un niño.
¿Como le explicas a un niño que no lo quieren? O que no te quieren?
Un niño a penas puede entender cuando debe prestar algo propio como un jueguete, porque es suyo, de su pertenencia ¿por qué querría tenerlo lejos o separacerse de este? Un niño siempre quiere todo lo que es suyo, quiere su padre, su madre; su casa y sus cosas en general.
Como le explicas que un adulto puede tener ese deseo de querer tener lejos a alguien, es un tipo de querer, un tipo de deseo que quizás conlleva mucha distancia para el tiempo que ellos llevan en este mundo.
Es un querer que a mi parecer se conforma por una distancia tan apasible que se te cuela, sin darte cuenta por los años adquiridos y de repente en una peripecia de la vida, te encuentres poniendo una negación delante del querer.
Quizás el querer y el vincularse son parte del velo de la inocencia que se nos ha rasgado por completo a estas alturas, no solo eso, si no también lo que representa, unión. Quizás debería tener otra charla seria con un niño de cinco años.
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