Casi espontáneamente,
Como espontaneidades
A las que, humanamente,
Se les adjudicaron conciencias,
Nos deberemos guardar
De las malas conciencias.
Y en la noche, en la
solitud y el encierro,
Paralizados, la veremos:
Hay una sombra alta en el cuarto
En la esquina que mira
O en la punta de la cama
Con sus símbolos recurrentes,
Con su aire de guiño,
Con sus delirios inexplorados,
Con su esperanza justificada.
Deberemos estar atentos,
O una lógica bastará.
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Penelope y la metafisica
Nunca un alma inmortal, más bien muchas almas mortales. Y no soy nada sin mí diablo
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