hay una arquitectura invisible sosteniendo lo que sos una trama sutil donde convive lo nítido y lo abisal. en vos respira la aurora y también la penumbra que no cede, un fulgor que inaugura sentidos y un temblor antiguo que todavía no encuentra lenguaje. no sos contradicción, sos simultaneidad. coexistir es desarmar el exilio interno dejar de expulsar lo que incomoda y reconocer que incluso lo áspero porta una forma de lucidez. hay una sabiduría callada en lo que no encaja una inteligencia orgánica en lo que insiste en doler. todo en vos está intentando decir algo aún lo que se quiebra, aún lo que se retrae, aún lo que no sabe quedarse. coexistir es volverse umbral, no límite. es permitir que lo efímero y lo eterno, se rocen sin anularse que lo frágil no sea corregido, sino escuchado. y en ese gesto íntimo casi imperceptible, algo se reordena sin violencia. no porque todo encuentre sentido, sino porque ya no exigís que lo tenga. entonces aparece una quietud no como ausencia de ruido, sino como acuerdo. con todo lo que vive en vos, sin pedir y ahí en esa convivencia indómita y sagrada, la existencia deja de fragmentarse, y se vuelve por fin entera.
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