Cuando la puerta del altar aún estaba cerrada y mi padre me preguntó si quería irme, me acordé de ti. Por un instante, te imaginé de traje esperándome al otro lado. Como lo hablamos. Como lo soñé. Recordé el anillo que me diste y no me atreví a tirar, ahora debe estar perdido en la caja de objetos que nunca sacaré. La nostalgia intentó seducirme, quise huir; estaba tan asustada y mi cuerpo aún no des-aprendía correr hacia ti. En la tierra, en ese momento, la mano que me sostenía era de quien siempre me ha protegido. No había vacío por llenar, no había un lugar más seguro que donde estaba en ese instante. Y cuando la puerta se abrió, se desvaneció tu imagen. Estaba él. Aquel que amo. Rodeado de sonrisas, de personas que se alegraban por verme entrar. Era el hogar lleno de amor que el mar tenía destinado para mí.
Pero, si te consuela saberlo, sí. Te pensé.
Y probablemente te recuerde de vez en cuando, en alguna noche cuando me pregunte cómo estás. Sé que mi vida contigo habría sido diferente, no necesito preguntármelo en el futuro, estoy segura que habría sufrido. Las ilusiones de adolescente se acabaron en ese departamento, y los sueños de adulta empezaron a tomar forma en aquel autobús.
Te pensé. Un par de lágrimas fueron por nosotros. Que estés bien.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.

Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in