Trato de seguir a Monterroso en su decálogo, pero fallo en la punta del lápiz. De ahí solo sale muerte y acoso de fantasías. Estoy triste, sentada frente a un escritorio que no es mío. Una sala pequeña sin ventilación y ases de luz que calientan mi espalda. Me encorvo sobre la silla y subo las piernas. Aprieto cada parte de mi como si fueran a desprenderse. No tengo nada ahora. Respiro agitada y el ruido me quema los ojos. Los niños gritan en un metro cuadrado. Sobre mis orejas descansan. ¿Dónde iré con este aire demoniaco?
Sus dientes desprendieron una vida y luego me sonrió, jugueteo entre la cubierta, y en menos de tres pasos me devolvió una mirada asesina. Rabia recorre sus patas y me lo hace saber. Abejas repartidas, todas muertas, fue el primer presagio. Rescaté a las que pude hasta que tomaron mi lugar. Luego el saltamontes y ahora esto. Una vida vuelta al sepulcro.
Imagen de Pexels. Propiedad de Ralph Gnonlonfoun

Verónica Abir
Solo lo intento cada día, como respirar. Ves tus ruinas como son, libres de la ilusión, las expectativas (...) de modo que por fin puedes empezar a contar las tuyas. BELMAR, Issac
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