Adiós querida chica turquesa. Fuiste la mujer que más amé en mi vida. La que creí que era el amor de mi vida, la que pensé en convivir y la que sentí que podía ser la madre de mis hijos. Sentí la confianza de contarte todo y de protegerte de todo.
Lamento no haber cumplido mi promesa de darte más confianza en vos misma. Es lo único que no logré darte.
Fuiste una inspiración y un sosten en mi vida pero debo dejarte partir. Me abro a algo nuevo y debo soltarte. Fue lindo nuestro paseo, recordaré con felicidad cada mate y cada chiste. Nuestro lenguaje que queda ahí, en el lugar que fuimos felices. Quiero desearte suerte y que seas feliz. Ambos nos lo merecemos.
Te di mi energía de todo corazón, y cada sonrisa buscó ser lo más sincera que pudo. El resto de mi energía la utilizaré en cerrar esto. Cerraré esta puerta con la delicadeza de saber que te dejo aquí. En un lugar donde fuimos felices. Con amor suelto lo que no vuelve y abro lo que realmente es para mi. Voy a transitar este duelo con paciencia y con ternura.
Me abro a recibir lo nuevo con toda la felicidad y esperanza que me depara. Me abro a un nuevo camino que me espera con fé y confianza. Que está deseoso de escucharme sin juzgarme. Que no tiene miedo a entenderme. Honraré mis tiempos, mis procesos, mis esperanzas y mi forma de sanar. Confío en mi y mi forma de cerrar este ciclo con una sonrisa. Por lo que fuimos. Y esa sonrisa se mantiene brillante esperando ese nuevo amanecer. Un amanecer con luz, paz y mucho amor.
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