¿Cien años?
Realmente, ¿son necesarios cien años?
Creo que no. No podré olvidarte en tan poco tiempo.
Aun en mí existe el amor que tengo por ti;
mi alma siempre te recordará en el tiempo.
No podré olvidar tu delicadeza.
El color de tu piel, blanca como la leche, es mi delirio;
el rosa de tus labios, como los corales;
el brillo de tus ojos, como en los atardeceres.
Ay, vida mía, aún estás en mí.
Tu ausencia me tortura como un niño sin sus juguetes.
Tu nombre está tatuado en mi piel;
aunque tu amor no lo halle, nunca podré dejarte de amar.
Cien años no me bastarán para amarte, mi amor.
Alva H.
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