Por la mañana,
aparezco de imprevisto frente a mi espejo
aun cuando no quería encontrarme;
Me pareció verme al menos por un instante,
hallarme detrás de esa imagen,
hablarme con la confianza de un conocido,
y despedirme por la tristeza de verme disolver a través de mis pasos.
Por la tarde,
no soy nadie,
quizá solo soy el rastro que dejo en los días,
quizá solo soy un espectro triste de domingo
viendo los últimos rayos de sol sobre los autos,
viendo a las palomas escarbando entre los restos de la feria,
y a los evangélicos profesando la llegada del fin del mundo.
Por la noche,
me reconozco entre las penumbras de las cosas,
sin sombras, sin reflejos,
mientras la niebla va borrando
la cima de los campanarios;
y vuelvo a ser el pequeño oculto
que siempre quise ser.
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