Start writing for free on quadernolo que queda
Chueco,
los dientes o el pensamiento
que dentro de sus cubículos
guardan barbaridades que me avergüenzan decir.
Pero: ¡chueco!
el corazón lo traigo chueco,
las arterias anchas,
las capas blandas,
siempre a punto de estallar.
De vez en cuando, la abuela Leo,
la muy presumida socarrona,
me pregunta si he visto la caja
donde guarda los hilos y las agujas.
¿Y cómo justificar
esta anatomía enferma y absurda?
Que me pertenece,
y a veces, me humilla.
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