Todas las noches atiende las mesas del restaurante. Su bebida favorita para servir es el champagne. Significa cosas buenas. Siempre se trata de celebraciones: nacimientos, cumpleaños, graduaciones, empleos, compromisos, aniversarios. Lo embarga una felicidad ajena cada vez que le toca servir las copas de champagne en una mesa, y siempre pregunta, curioso por el motivo de celebración. Siempre les sirve un poco de más, o les ofrece algo para acompañar, hace charla ligera y se familiariza con el cliente de la noche. Cuando se van, siempre le dejan una gran propina, pero no es por eso que lo hace; simplemente le gusta ver feliz a los demás.
Todas las noches atiende las mesas del restaurante. No tiene francos, no los necesita; su trabajo es lo único que lo motiva. Su bebida favorita para servir es el champagne, porque significa cosas buenas. Y es por eso que, cuando es la hora de cerrar, deja en la caja el dinero que ganó en propina esa noche y se lleva una botella para su casa. Una botella para celebrar. Aún si en realidad no hay nada que tenga para celebrar. Se lleva la botella a su departamento vacío, pequeño, sin nadie a quien saludar. Se sienta en el piso de la cocina, descorcha la botella, y se sirve el champagne. Solo, pero bebiendo felicidad. Quizás así, algún día, logrará sentirla por su cuenta.
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