Creo que es de suficiente evidencia poder demostrar como en la Era contemporánea del
siglo XXI se observan distintas dinámicas de cómo es concebido para el sujeto
posmoderno el Éxito en su vida aspiracional, social y psíquica; todo esto teniendo en
cuenta como queda atravesado en su mundo interno y creencias personales.
Con esta introducción lo que busco es traer mi hipótesis personal de que la sociedad
política, económica, social y cultural tienen “todo que ver” en la formación psíquica del
sujeto de la realidad circundante. Autores como Osamu Dazai y su icónico personaje
“Yozo Oba” darán cierto respaldo a mi obra personal junto con figuras esenciales como
Sigmund Freud y Byung- Chul Han; ambas premisas personales darán frutos a este
texto donde ustedes podrán sacar sus propias conclusiones de a donde lleva cada párrafo
leído.
Mi intención no es tener una idea fija con tal de convencer por completo al público; sino
volcar una semilla de pensamiento crítico y si concuerdan conmigo, cuáles son sus
interrogantes y opiniones personales. Recuerden que el pensamiento personal y crítico
es algo bastante complejo en una realidad como hoy. Sin más que decir, empecemos!
Antes de adentrarnos de lleno en estos autores me gustaría que nos centremos en el
presente y como lo vivimos, bajo que creencias, cultura y condiciones concretas de
existencia para poder responder a la pregunta, un tanto compleja: ¿Qué significa
realmente tener Éxito?
Puede parecer un interrogante bastante simple pero a medida de que vamos pensando
hay una infinidad de testimonios que indican que no hay una respuesta única.
Para contrastar estas preguntas con la realidad cotidiana y no reducir el análisis
únicamente a una reflexión teórica, decidí realizar una encuesta dirigida a personas de
distintas edades y situaciones personales. El propósito fue conocer, desde sus propias
palabras, que entienden por éxito y qué lugar ocupa este concepto en su vida actual
Para ello, se tuvieron en cuenta algunas variables generales de los participantes, como
su rango etario y su situación actual por ejemplo, si se encuentran estudiando,
trabajando o realizando ambas actividades, con el objetivo de observar si estas condiciones podían relacionarse de alguna manera con la forma en que cada sujeto
concibe el éxito.
La imposición del “·no fallar” ligado al éxito se hace evidente cuando mi propio
desempeño debe ser perfecto.
Un encuestado lo define simplemente como [llegar al objetivo y hacer bien las cosas],
mientras que cierto anónimo de entre 26 a 35 años lo concibe como [cumplir con mi
trabajo y hacerlo bien, no acepto un error], por último el de [ser la mejor en lo que
hacés; trabajo, estudio, vínculos, todo]
Al seguir indagando posteriormente reconocí en contraposición otro estilo de éxito el
cual se asemeja a la estabilidad laboral llevándolo a lo social y económico, aquello
queda plasmado como satisfecho en el sujeto asemejándolo con ser exitoso. [Tener
trabajo y ser independiente], [un buen trabajo y un buen sueldo que me garantice mi
estabilidad socio-económica para proveer a mi familia y que te digo más que ser
dueño/jefe de una empresa o negocio rentable, más dinero mejor no?], [como está la
situación actual hoy, tener éxito lo asocio a no tener carencias, tener un trabajo fijo y
estar social y económicamente estable]
Por último, el bienestar personal como instancia de logro vital. Concebida como alivio
fue uno de mis favoritos a la hora de recolectar esta cantidad de información ya que;
manifiesta y evidencia la monotonía y alienación en la que viven cierto grupo de
personas. [Ser feliz conmigo mismo], [tener paz simplemente], [nose creo que vitalidad
es lo que me hace falta en estos momentos, llevo carga], [ser feliz con lo que tengo], [yo
creo que es llegar a un punto donde decís “che estoy feliz con lo que tengo”. No
necesariamente tener un montón de cosas], [diría que cumplir mis metas sin hacerme
pelota en el proceso. Porque de nada sirve conseguir todo si después estas quemado],
[tener éxito para mi seria sentir que estoy avanzando, aunque sea de a poquito. No
compararme tanto con el resto eso me encantaría], [lograr la tranquilidad de saber que lo
que tengo es suficiente].
Hice esta separación de acuerdo a las que más se repetían y salía a la luz estos tres
patrones: rendimiento, estabilidad económica y bienestar personal. Y precisamente
revelan que nuestras aspiraciones personales no se encuentran aisladas del mundo en el que vivimos. Incluso aquello que creemos desear para nosotros mismos parece
encontrarse atravesado por valores, expectativas y formas de reconocimiento que ya
existen socialmente.
A lo que insisto en llegar es que socialmente tenemos una visión de lo que es éxito o
sinónimo de grandeza, y modelo a seguir a aquello que “el otro” te muestra como
IDEAL, entonces te separas y desencontras con vos mismo, tu identidad y deseo
personal como aquello que uno realmente quiere y como resultado asimilamos qué
“triunfar” significa alcanzar aquello que social o personalmente se considera una vida
exitosa e incluso zafarse de ella y soltar esas ataduras como lo mencionan en particular;
[tener éxito para mi seria sentir que estoy avanzando, aunque sea de a poquito. No
compararme tanto con el resto eso me encantaría].
Aprendemos cómo deberíamos comportarnos, qué deberíamos perseguir, qué
deberíamos mostrar y, en cierta medida, quiénes deberíamos ser para ser reconocidos
por los demás.
Trayéndolo al mundo de Dazai, en “INDIGNO DE SER HUMANO” (1948) conocemos
a Yozo Oba, un protagonista que experimenta la profunda extrañeza frente al mundo.
Incapaz de comprender los códigos sociales, atravesado por su pasado y traumas de la
infancia cargados de abusos y falta de atención de sus padres se convence que nadie
puede entenderlo. Desarrolla una máscara de bufón para ocultar su verdadero
sufrimiento. Sin embargo, esta representación termina alejándolo cada vez más de su
propia identidad. La tragedia de Yozo no reside solamente en su soledad, sino en una
conciencia excesiva que le impide habitar el mundo con autenticidad.
“Mis cuadros eran tan lúgubres que casi me dejaban helado a mi mismo. En ellos,
estaba plasmada mi verdadera naturaleza. Que mantenía escondida en lo más
profundo de mi corazón” (Dazai, 1948, p. 30)
Esta distancia con su propia identidad no queda solamente en el plano interno, sino que
se expresa en una constante autodestrucción. Yozo se refugia progresivamente en los
vicios, la prostitución, las drogas como la morfina y en vínculos que constantemente
terminan traicionándolo. Incluso se distancia de su familia, quedando cada vez más
atrapado en situaciones que profundizan su sufrimiento. Es aquí donde el título Castigar la psique” adquiere sentido: Yozo no solamente padece el mundo, sino que
termina dirigiendo ese padecimiento contra sí mismo, intentando escapar de un dolor
que finalmente reproduce.
Esto puede articularse con Freud en El malestar en la cultura (1930), cuando plantea
que el ser humano busca distintas formas de disminuir el sufrimiento que implica vivir.
“La cultura tiene que movilizarlo todo para poner límites a las pulsiones agresivas
de los seres humanos para sofrenar mediante formaciones psíquicas reactivas sus
exteriorizaciones. Espera prevenir los excesos más groseros de la fuerza bruta”
(Amorrortu Editores. Pág. 109)
“la neurosis se nos presentó como el desenlace de una lucha entre el interés de la
autoconcervacion y las demandas de la libido: una lucha en que el yo había
triunfado, más al precio de graves sufrimientos y renuncias” (Amorrortu Editores.
Pág. 114)
Las sustancias aparecen, justamente, como una de esas vías de escape. En Yozo, esta
búsqueda de alivio se vuelve extrema: aquello que comienza como una forma de huir
del malestar termina convirtiéndose en una nueva forma de castigarse. Como intentos de
anestesiar aquello que no puede soportar, lejos de resolver el malestar, terminan
profundizando su propia destrucción.
Y si Freud permite comprender de donde surge ese malestar, Byung- Chul Han permite
preguntarnos qué forma adquiere en nuestra época. En La Sociedad del Rendimiento, el
sujeto ya no necesita solamente de una prohibición externa y se convierte en su propio
explotador, exigiéndose producir, mejorar, competir y alcanzar constantemente una
versión ideal de sí mismo. Frente a esto, Han propone el termino de VIDA
CONTEMPLATIVA, capaz de detenerse, observar y restituir un espacio para el
descanso y la existencia más allá de la productividad. Y acá vuelven las respuestas de
mi encuesta: frente a quienes asociaron el éxito con rendir, trabajar, ser independientes
o no cometer errores, también aparecieron quienes simplemente hablaron de paz,
felicidad y de avanzar sin compararse con los demás. Quizás entonces la pregunta no
sea únicamente cómo alcanzar el éxito, sino qué precio estamos dispuestos a pagar por él y si, en ese intento constante de rendir, no terminamos haciendo de nuestra propia
psique el lugar donde descargamos todas las exigencias que el mundo nos impone.
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