el muchacho llegó, y uno no sabe nunca cómo terminan las historias,
llegó y ahora su esencia permanece en sueño,
y en el anhelo de mostrarle cada cielo que vemos,
de decir que una estrella brilla cada vez que él podría hablar de amor,
no sé cómo, ni por qué, pero he ahí su omnipresencia, que, a diferencia de otras, no es dolorosa, es como un baño de luz en pleno invierno de pesadilla.
ay Sol, yo te amo, quizá es la única palabra equiparable,
y el dolor se vuelve amarillo, para tornar todo eso que sentimos, rojo.
si, si, el mar va de tu mano.
así como sentir algo más de vida,
antes un desconocido,
y ahora, jamás quisiera no conocerte,
no pensaría en que no aparezcas entre versos,
casi duele no tenerte,
y tus manos se sienten cerca,
yo espero y casi muero,
tan terriblemente dulce cuando proclamas algo que quizá si sientes,
el amor no es el mismo luego de conocerte,
y la vida tampoco,
creo que si sabes lo que siento, muchacho del sol,
no podrías no entenderlo,
dolería si es así,
conozco muchas palabras, y ninguna explica lo que podría ser el mundo con tu arte,
si creo en todos aquellos versos que escribes para el mundo, porque sé que lejos van a llegar,
corazones conquistar,
lágrimas secar.
adiós,
sí, te doy el mar.
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the fool.
mi corazón nunca ha sido mío, yo siempre lo doy, toma un pedazo de mi y quédatelo para cuando no esté, seré tu reliquia. (soy tu reliquia)
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