Te deseo aunque nunca estuviste en mi, pero sí en todas partes, y en cada reflejo nuevo cada vez se apaga más la esperanza de algún día tenerte.
Cada año que pasaba era una tortura, tu ausencia me quema cada vez más y con cada vez menos esperanzas de que aparezcas.
Me hiciste destacar en muchas cosas, ser mejor persona, pero nunca ser feliz, sino ser dependiente, y que mi felicidad dependa de eso que nunca llenaría el vacío que podrías llenar.
Tu ausencia me hace ser quien soy hoy, tu ausencia me llena y quema. Eres hermoso, una codicia no solo mía sino de todos. Eres muy cruel estando en exceso en muchos, pero dejando nada para otros. Eres símbolo de estatus.
Muchos, incluyéndome, se desploman en el suelo preguntándose porqué no estás en sus vidas, como si fueras lo más importante que se puede tener, y lamentablemente lo eres.
Tu ausencia lastima mis ojos y deforma mi reflejo, y me quedo mirándolo con ojos cristalinos y rojos y la mirada perdida tratando de buscar porqué estás tan ausente.
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