Querido Don José:
Me atrevo a escribirle estas líneas desde la humildad de mi admiración y con el corazón desbordado por un afecto que no encuentra medida. En usted reconozco no solo al estratega irrepetible que condujo pueblos enteros hacia la libertad, sino también al hombre que, sin reclamar honores ni recompensas, vivió y obró en absoluta lealtad a sus principios. Su vida es un acto puro de desprendimiento, un ejemplo de amor a la tierra y de generosidad sin condiciones.
Admiro la claridad de su espíritu, esa serenidad con la que supo ver más allá de su tiempo y comprender que la verdadera grandeza no se cifra en títulos ni riquezas, sino en la huella que deja un corazón noble al servicio de los demás. Su prudencia, su entereza moral, su austeridad y, sobre todo, su compasión hacia los pueblos, son virtudes que lo convierten en un faro que trasciende lo militar y lo político, llegando a lo humano y lo eterno.
Me siento feliz y profundamente honrado de pisar el mismo suelo que usted. En estos años recorrí rinconcitos donde alguna vez caminaron sus pasos, intentando conectar con esa energía irrepetible, y recibiendo un íntimo placer al imaginar que el mejor hombre que habitó esta tierra estuvo allí antes que yo.
Sueño con ser, aunque apenas un reflejo, alguien que pueda acercarse a esa altura suya: alguien capaz de entregar lo mejor de sí mismo sin esperar retorno, alguien que viva con el alma dispuesta a la causa justa. En mis desvelos, me sorprendo imaginando qué hubiera sido de mí si el destino me hubiese concedido la gracia de estar a su lado como lo estuvo Tomás Guido. Tener su confianza, compartir la amistad de un hombre íntegro, escucharlo con respeto y afecto genuino… eso sería, para mí, un privilegio imposible de igualar.
Permítame cerrar esta carta con una confesión íntima: lo amo, General. Lo amo con la devoción que se le tiene a un padre espiritual, con la gratitud de un hijo que encuentra en usted la imagen más alta de lo que un ser humano puede aspirar a ser. Y aunque el tiempo y la historia nos separen, me sostengo en la certeza de que su ejemplo late todavía en cada fibra de esta tierra que nos dio origen.
Con la más profunda emoción y respeto, su admirador incondicional.
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OpinioTeca
Giunico. Todólogo y opinólogo. El filtro para el café, no para las ideas. Esto no es una cátedra, ni una redacción obediente: es una charla de café por escrito. Córdoba, Argentina.
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