Te di mi cuerpo sin envoltura.
Me masticaste como un dulce que no te convencía su sabor.
Donde estuviste horas y horas en silencio leyendo su envase. Sus ingredientes, sus calorías y su nutrición.
Un dulce que se iba derritiendo con el calor de tu boca, con tus pensamientos silenciosos.
Un dulce que se fue desvaneciendo en tu saliva.
Que te dejó un sabor que ni siquiera te gustaba tanto, pero que comiste igual, quizá por cortesía, quizá porque no tenías uno de otro sabor.
Puede que me hayas sostenido por cortesía, luego de tantas palabras bonitas.
Algunos creen que no me quisiste lo suficiente. Yo ya no sé que creer.
Cuando te vi en plena calle, sostuve fuerte ese dulce entre mis manos, como algo tan diminuto pero tan inmenso, como un detalle, como una relación entera. Sentí que me entregué por última vez cuando te lo dí, esperando que sintieras ese sabor dulce en tu boca que te recordara a mis besos en nuestra última salida.
No dijiste ni una sola palabra, por desgracia no me sorprende. Aún así lo conservaste, tal y como lo hiciste conmigo. Y yo, tan malherida, solo esperaba que te acordarás de mi, casi pidiéndolo de rodillas.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in