Necesito a alguien
que me desvista la carne.
Que le compre etiquetas a mis huesos
y haga uso de un precio:
el que yo no puedo dármelo.
Necesito, entonces, una carnicería:
que a mi carne de ternera
la vendan como artista
y que mi cuello de cisne sea desplumado entre maniobras.
Cuchillas en mis plantas del pie
lo mutilen,
pavimentando con pasos
un nuevo piso para danzar
o una laguna para descender.
Y, al veneno de mi aguijón,
máquinas lo expriman de mis tripas.
Pasar de escorpión a calamar:
hundida en mi mar carmesí.
Con ese metal gastado en mí,
edifiquen un anillo.
Un último estatus
para
el sueño
que yace
en parálisis.
Yo conozco a la que soy,
y no hay tonalidad
que se invente de un arcoíris;
todos los colores ya fueron impresos.
Pero alguien más puede reconocer
a la que aún no he de ser.
La que va a ser transformada
en un filete,
distorsionada por el aceite de una sartén.
Arropada por el barullo de los condimentos.
¿No ves esta carne sazonada por la obsesión?
Aún se puede de ella, hacer caldo.
Una comida
que lleve el valor de un precio:
una última obra...
antes de tragar
mi propio mar carmesí.

Milagros Gomez
Escritora Argentina del Terror Poético. Publicada en antologías y revistas internacionales. Directora y curadora editorial de la Revista Vapula.
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