Te quiero así,
en esta urgencia que me anuda,
no de alma, no de etéreo.
Quiero la piel,
tu dermis tensa,
el sudor incierto,
el rastro exacto
de mi mano sobre tu costado.
No un beso leve,
sino la boca que me trague,
que me sepa a ti,
a saliva y a fondo,
a ese gusto a vida
que solo tu lengua es.
Quiero ser el aire
que tu pecho empuja,
el latido que te agita,
la sangre, tu sangre,
corriendo mía,
por mis venas,
por esta carcasa
ávida de ti.
Que cada átomo tuyo,
ese universo minúsculo
que te conforma,
se imprima en mi tacto,
en la yema de mis dedos
que ya te conocen,
que te reclaman.
Que tu huella,
esa marca invisible
que dejas al andar,
se haga carne en mi cuerpo,
se incruste en mi memoria celular.
Quiero vivir en ti,
no metafórico, no un decir,
sino entrar,
deshabitarme para habitarte,
ser tu costilla rota,
el hueso que te duele,
la respiración que te falta.
Que mi olor,
este hedor mío que te busca,
quede adherido a tu cuello,
a tus muslos,
a la curva secreta de tu cintura.
Que en tu piel,
esa tela fina que te cubre,
se grabe mi rastro,
la evidencia de que estuve,
de que fui y de que soy,
tu sombra, tu peso,
la insistencia de mi ser
clavada en tu carne.
Que no haya otro roce,
otra boca que no sea tuya,
otra piel que me recoja
después de ti.
Que seas el fin,
el único camino,
la única sed que me urge,
la materia misma
de mi
existencia.
Todo de ti,
así lo quiero,
sin vacilación, sin tregua.

peregrino
Desde la herida, la palabra. Poesía como un hueso astillado, películas, fantasmas en celuloide, música, un nudo en la garganta. Existir es este temblor.
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