Llega la noche junto al viento
despierta el reproche de un cuerpo que grita
por la ausencia de roces
Tiene los labios rotos,
como la corteza de un árbol viejo
Reposa la cabeza
sobre una almohada de hojas secas
Y toda la carne,
destilada en partículas de arena,
permanece a la espera
de quien cruce su umbral
y beba del vino sereno
Entonces, el reproche
la besó
bajo la negrura de la noche
El aire se hizo escaso
La danza de las caderas
apaciguó
el hambre de la carne
La carne derramó
un hilo de sangre
Estrellas fugaces escaparon de dos
La lluvia besó la tierra
Y quedó sellado
un amor que solo supo decir
adiós...
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