No quedan enamorados en las esquinas:
trasladaron las caricias
a alguna oficina de Wall Street.
La oferta de besos
está en su punto más bajo;
la estrategia de las flores
ya no suma puntos del PBI.
Todo es vivir y contarlo.
Alquilo este instante
para llenar vacíos.
La intimidad sufre la depresión:
el libre mercado ha consumido
la imparcialidad de las seducciones.
Se incendiaron las cartas de amor,
sabotearon los aniversarios,
secuestraron los poemas del corazón.
Ya nadie habla hasta las tres.
Ninguna soledad salva a la otra.
Todos duermen entre ausencias.
Todos manejan información errónea:
no hay beneficio para la conciencia.
Prefieren no enfrentarse al dolor
y vivir apagados.
La propiedad privada
se ha robado la fe
de que dos puedan cicatrizar el mundo.
Tantas técnicas avanzadas
y, aun así, a este paso
no sabremos reconocer
otra piel en la noche.
Solo hay valor
en quienes convierten
el tedio
en lucidez.
Que imprudentes
los que todavía esperan:
la presencia tan profunda
donde un beso es urgente.
Hay personas
que pasan una vida
imaginándolo,
solo para decir:
pasa,
no te quedes ahí.
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