Ya olvidado el faro,
Me imagino sobre el oleaje
del salpique tornasolado;
por las montañas del sur,
las tías del norte,
los pueblos del símbolo,
los cielos desgajados,
las ciudades de nuevas miradas,
y luego las luces y los rostros allí.
Arriba y más arriba,
entre aquellos bonitos
albatros diamantinos,
su lejana cancion,
tejiendo sobre mí,
partícipe de los cielos
que llevan y traen el día
y la noche hacia todos lados;
sobrevuela la gran división
de los mares,
toca colorida, atrevida,
la encrucijada y la cruza
de las culturas.
Viento que sopla y que devuelvo,
roca que viaja
todas las historias;
ya estamos todos aqui,
entre lo que le hace el cuerpo
a la vida,
y no de otro mundo.
Extraño mundo del otro,
meollos de las mares,
formas del tiempo,
reflejos rebeldes
del mejor mareo
Ya en la orilla,
—algo duele, alguien se queja—
Respiración de magia.
Me acerco distante
al agua glauca,
espuma que decide hasta mí,
para descubrir si acuna
al tangible amor que sueño.
«Azul es al fin»
aclara movedizo
un rebelde Carpín Dorado.
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