Caminante de lluvias, lloviznas y silencios, el paso firme te devuelve un motivo sincero... no así uno constante.
El ruido de los matorrales te ensimisma en tus adentros.
Mirando hacia atrás, el rumbo no queda claro. La imaginación se difumina y los sentidos abruman el tejido bravo de la realidad.
Con el corazón hecho añicos por tu propio accionar, maniobras en los contornos esperando una milagrosa salvación.
Nada podrá llenar esas ganas de saciedad más que tu propia sinceridad.
¿Qué esperas de los otros que no exista ya en vos?
¿La realidad está hecha para dos?
Las palabras dubitativas son el lastre de tu cobardía, y el registro de tus acciones, recuerdo suficiente.
Él se alza en declamaciones superficiales, esperando la atención de todos aquellos que ha usufructado.
Al acecho en cualquier momento, atento a la presa fácil.
Esferas concéntricas giran bajo un cielo gris.
El cuadro se pinta en rotación y traslación, bajo directivas estrictas según la ocasión.
Las nubes te arropan al son de la música de medianoche.
Voz certera y un ascua encendida.
Bailes perdidos en el tiempo... un mosquito de testigo.
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