¿Cómo un niño podía estar deambulando solo en la madrugada?
La figura se movía por un callejón oscuro y solitario, caminaba lentamente y sin aparente preocupación, como si fuera una actividad diaria en su vida.
Franco suponía que era un niño de aproximadamente ocho años, no podía verle el rostro ya que caminaba de espaldas pero en uno de sus pasos la luz de la calle alumbró la nuca del pequeño y confirmó que era varón ya que tenía pelo corto y una musculosa que alguna vez fue blanca.
¿Un niño solo a esta hora?
Eran las dos de la mañana, Franco se encontraba camino al trabajo y solo pensaba en llegar a tiempo o por lo menos antes que su amigo así por lo menos el encargado no le llamaría la atención a él. Imaginó que el niño podría ser un vagabundo o peor aun el hijo de padres desempleados que prefieren enviar a sus hijos a pedir limosna para poder comprar los vicios de los adultos, ante esa idea se empatizó a pesar de su apuro y decidió entrar al callejón en busca del pequeño. Solo podía ofrecerle algo de dinero y unas galletas que tenía en su mochila hace por lo menos una semana
-¡Niño! -gritó mientras seguía la sombra la cual lejos de detenerse continuaba avanzando en la oscuridad.
Pisó un charco de agua turbulenta y olorosa que le salpicó hasta un poco más arriba del tobillo.
-La puta madre.-Exclamó exasperado.
Cuando volvió a mirar al frente en busca de la presencia del niño no había rastros de nadie. Solo el callejón solitario.
Decidió que era mejor acortar camino por el estrecho callejón y ver si encontraba al niño, de lo contrario simplemente continuaría caminando hacia su trabajo a pocas cuadras de donde ya estaba.
Mientras avanzaba pensaba sobre el pequeño, ¿por qué no se detuvo cuando lo llamó? Quizás tenía miedo, si sus padres viven en la calle lo deben maltratar por no imaginar que sufrió abusos peores. Esas hipótesis lo incomodaron rápidamente por lo que decidió ponerles fin al mismo tiempo que pisaba nuevamente un charco sucio.
Miró el charco y le extrañó que se había ensuciado el mismo pie que ¿minutos antes?
Parecía ser el mismo charco pero no podía serlo porque nunca se había devuelto al inicio del callejón. Prestó más atención a su alrededor y aunque le pareciera loca la remota idea que ya había pasado por allí tomó como referencia una cáscara de banana putrefacta tirada cerca de una pared.
Retomando su destino saco el celular y le escribió un mensaje a su amigo y compañero de trabajo Lucas:
Voy en camino, avisale al encargado que llego 10 minutos tarde porque tuve que irme caminando…
…La bici se me pinchó saliendo.
En realidad no se le había pinchado pero su hermano menor se la había pedido para irse a la casa de unos amigos por lo que si le servía para justificar su retraso.
Guardó el celular y al mirar al frente allí estaba de nuevo la cáscara de banana esta vez no tan putrefacta pero para él era la misma porque estaba ubicada de la misma forma que la había visto con anterioridad, la única diferencia era el débil color amarillento.
Un escalofrío le recorrió la espina dorsal y los pelos de su brazo se erizaron en señal de alarma. Guardó la calma pero aceleró la marcha hasta que sin darse cuenta se encontraba primero trotando y luego corriendo.
Se detuvo de golpe, el niño estaba frente a él…casi podía estirar la mano y tocarlo pero estaba de espaldas probablemente se asustaría y se escondería de nuevo.
-Nene, ¿Estás solo?...Estoy perdido, te quería ayudar pero no te encontraba, no entiendo como me perdi si es un callejón y se a donde sale pero no entiendo porque no encuentro la salida…
Se calló al darse cuenta las explicaciones que le daba a un niño desamparado que probablemente estaba igual de perdido que él.
-¿Cómo te llamas? .-Preguntó esforzándose por sonar menos asustado y confundido que antes.
Silencio.
El niño se dio la vuelta y Franco pudo al fin ver su rostro pálido, ojos negros y ojeras visibles, no mostraba expresión alguna.
-¿Cuál es la salida?. – Insistió en conseguir alguna respuesta del niño.
-La salida es el inicio-respondió el pequeño con tono cansado, como si increíblemente le aburriera encontrarse con él.
¿El inicio? Se preguntó asimismo Franco.
-¡Por donde entré!-gritó casi aliviado.
-voy a volver a buscarte con ayuda, quédate acá.
Se alejó del niño corriendo, haciendo caso omiso a si el niño le había respondido, por supuesto que no lo hizo pero no le importaba, después lo resolvería ya sea llamando a la policía o a quien fuera de ayuda y no lo tomase de loco.
Corrió por el callejón en dirección a lo que recordaba que era para él la entrada-salida pero cuando pensaba que estaba lo suficientemente cerca volvió a ver la cáscara de banana, a veces podrida a veces amarilla.
-¡¡La puta salida era por acá!! ¡¿Por qué mierda no está?!
Agitado levantó los brazos y descansó sus manos en la cabeza esperando que alguna explicación lógica se le viniera a la mente y así fue.
-¡El niño!- Exclamó como si esas dos palabras fueran las que le faltaban para completar el crucigrama que llevaba según él cuatro putas horas intentando resolver.
Retornó al punto dónde lo había visto por última vez rogando que el niño o lo que fuera lo estuviera esperando y si que sirvieron sus plegarias porque allí estaba como congelado en el tiempo, inmóvil.
Franco solo pensaba en regresar a su casa, ni si quiera le importaba pensar en el trabajo, ya no sabía si estaba atrapado en un sueño o si algo le había pasado camino a su turno y quizás peor que un sueño estaba en un coma irreversible. De pensar en la idea que su madre podría estar a su lado en una habitación de hospital llorando mientras le tomaba la mano y le gritaba a los doctores que despertaran a su hijo, sentía una presión en el pecho.
-¿Qué sos?. -preguntó resignado y con los ojos vidriosos.
Fue como si el espectro despertara de un trance…sus ojos recorrieron de pies a cabeza a Franco acto seguido levantó lentamente el brazo con el dedo índice señalando al hombre ya asustado por su presente y futuro incierto.
-Vos- respondió la figura del niño al mismo tiempo que comenzó a crecer pasando desde una etapa de adolescente atormentado a veinteañero con una sombra de barba, un treintañero, un cuarentón cansado de la vida hasta un viejo encorvado con uñas largas y sucias.
Franco asustado abrió los ojos impactados lo que ocurría frente a sus ojos, sintió que en cada abrir y cerrar de ojos el ex infante continuaba su recorrido de edades, hasta que abrumado decidió cerrar los ojos con fuerza, si hubiera tenido una manta seguramente se habría tapado como un niño que cree haber visto que la ropa de una esquina de su habitación era en realidad la sombra de algún monstruo ansioso por devorarlo.
-Estoy muerto, estoy muerto, estoy muerto, estoy muerto- Susurraba casi sollozando.
Hasta que sintió que una mano le golpeaba la espalda, una palmada…abrió los ojos y primero vio su entorno. Era de día y se encontraba en la salida del callejón que daba a la calle próxima a su lugar de trabajo.
-Dale Franco vamos a llegar tarde, acordate que yo no puedo comerme más tardanzas ya no me quedan parientes que enfermar.
Era su mejor amigo y compañero de trabajo, estaba vestido con pantalón carpintero color gris, al igual que la remera y botas de seguridad ya gastadas por sus uso.
-¿Qué?-contestó mientras volvía a mirar hacia el callejón.
-¿Qué te pasa? ¿te olvidaste algo?- preguntó su amigo frunciendo el ceño.
Franco miraba el callejón en silencio.
-¿Lo ves? Al niño…
-¿Qué niño? Dale vamos queres. -Le respondió mientras colgaba su brazo en el cuello de su amigo incentivando a seguir avanzando.
Franco siguió con la mirada al niño el cual esta vez lo miraba con una sonrisa inhumana hasta que, entre la conversación de su amigo y la distancia, lo perdió por completo de vista.
Catalina Flores

Catalina Flores
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